| Una
relación particular
Los
médicos homeópatas tenemos una relación privilegiada
con nuestros pacientes.
La técnica que manejamos nos obliga a acercarnos a ellos
y a escuchar su historia con un interés que los médicos
convencionales difícilmente comprenden.
La duración de la consulta ya señala un código
diferente. Es lo primero que asombra a nuestros colegas no homeópatas.
-¿De qué hablan durante una hora? es la pregunta
habitual. Les es imposible imaginar un diálogo extenso
con un paciente que sea de utilidad para el tratamiento. Imaginan
que hablando de generalidades durante un largo rato se logra el
efecto placebo que le adjudican a la homeopatía. Están
muy lejos de comprender cuánto significa para un médico
homeópata una actitud corporal, la mirada, el color de
la piel. Y qué valiosa guía son la timidez, el rubor,
la altivez, la emoción que el paciente deja ver durante
la consulta. Esos datos que son como piedras preciosas que los
homeópatas enhebramos pacientemente en cada entrevista,
para ellos sólo pueden representar una pérdida de
tiempo.
Los médicos homeópatas somos verdaderos privilegiados
porque tenemos la posibilidad de aprender en el consultorio lo
más importante de la vida. Porque para nosotros cada paciente
es una persona. Y cada persona que atendemos es una oportunidad
para sumergirnos profundamente en lo esencial del alma humana.
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